Cementerio de mascotas 3 - Cementerio de animales 3

Cementerio de mascotas 3 - Cementerio de animales 3 (2019)

5.7/ 10

Resumen

El Dr. Louis Creed y su esposa, Rachel, se mudan de Boston a un área rural con sus dos pequeños hijos. La pareja pronto encuentra un misterioso cementerio escondido en las profundidades del bosque cerca de su nuevo hogar.

El doctor Louis Creed (Clarke) se muda con su mujer Racher (Seimetz) y sus dos hijos pequeños de Boston a un pueblecito de Maine, cerca del nuevo hogar de la familia descubrirá una terreno misterioso escondido entre los árboles. Cuando la tragedia llega, Louis hablará con su nuevo vecino, Jud Crandall (Lithgow), desencadenando una peligrosa reacción en cadena que desatará un mal de horribles consecuencias.

Dr. Louis Creed and his wife, Rachel, move from Boston to Ludlow, in rural Maine, with their two young children. Hidden in the woods near the new family home, Ellie, their eldest daughter, discovers a mysterious cemetery where the pets of community members are buried.

Actores Principales

Jason Clarke

Jason Clarke

Louis Creed

Amy Seimetz

Amy Seimetz

Rachel Creed

John Lithgow

John Lithgow

Jud Crandall

Jeté Laurence

Jeté Laurence

Ellie Creed

Hugo Lavoie

Hugo Lavoie

Gage Creed

Lucas Lavoie

Lucas Lavoie

Gage Creed

Obssa Ahmed

Obssa Ahmed

Victor Pascow

Sonia Maria Chirila

Sonia Maria Chirila

Young Rachel

Maria Herrera

Maria Herrera

Marcella

Audio : Español latino
Calidad : Hd
Tamaño : 1.67 Gb
Formato : MP4
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Reseñas

M

Una reseña de Marco-Hugo Landeta Vacas

50%

(CASTELLANO) Cementerio de animales parte de uno de los grandes textos de Stephen King. Y eso ya es un problema para cualquier adaptación, porque la novela no funciona solo por su premisa macabra, sino por algo mucho más profundo: el duelo, la culpa, el deseo imposible de deshacer la muerte y esa idea terrible de que hay puertas que jamás deberían abrirse. Leída de adolescente, puede quedarse clavada precisamente por eso: porque no habla solo de sustos, habla de una tentación humana brutal. La versión de 2019 tiene elementos que funcionan. Está correctamente rodada, cuenta con un reparto sólido y consigue cierta atmósfera sombría. Jason Clarke, Amy Seimetz y John Lithgow aportan oficio, y hay momentos en los que la película roza esa sensación malsana que debería envolverlo todo. El problema es que solo la roza. En una historia como esta, el ambiente debería pesar como una losa, el cementerio debería dar auténtica desazón y cada decisión de los personajes debería sentirse como un paso hacia algo inevitable y espantoso. Aquí, muchas veces, todo parece más mecánico. La película se deja ver, pero rara vez golpea de verdad. Tiene sustos, tiene oscuridad, tiene algún cambio respecto al material conocido y busca actualizar la historia para que no sea una simple repetición. Pero al intentar ser eficaz como película de terror moderna, pierde parte de la tristeza y de la fatalidad de King. Lo que en la novela es casi una infección moral, una bajada lenta hacia lo imperdonable, aquí acaba pareciendo demasiadas veces una sucesión de escenas de género más o menos bien colocadas. También pesa que el origen del terror no impresione tanto como debería. La idea del lugar prohibido, de la tierra maldita, de lo que vuelve cambiado, tiene una fuerza enorme. Pero la película no siempre sabe dejar que esa idea respire. Mete música, efectos, sobresaltos y decisiones visuales que a veces sustituyen la inquietud por el recurso fácil. Y eso es una pena, porque Cementerio de animales no necesita gritar para dar miedo. Debería bastarle con susurrar desde el bosque. No todo está perdido. Hay imágenes eficaces, una tristeza de fondo que asoma de vez en cuando y algún tramo que sí entiende que esta historia va más de dolor que de monstruos. Pero la película nunca alcanza la grandeza oscura del libro. Se queda en una adaptación aceptable, digna por momentos, pero demasiado convencional para una historia que pedía más veneno, más desesperación y más malestar. Para quien no conozca la novela, puede funcionar como una película de terror correcta. Para quien leyó el libro y lo sintió como una de las obras más perturbadoras de Stephen King, se queda corta. Muy corta. No traiciona del todo la idea, pero tampoco consigue devolverla con la fuerza que merecía. (ENGLISH) Pet Sematary is based on one of Stephen King’s strongest novels. And that is already a problem for any adaptation, because the book does not work only because of its macabre premise, but because of something much deeper: grief, guilt, the impossible desire to undo death and the terrifying idea that there are doors that should never be opened. Read as a teenager, it can stay with you precisely because of that: it is not just about scares, but about a brutal human temptation. The 2019 version has elements that work. It is competently made, has a solid cast and manages to create a certain gloomy atmosphere. Jason Clarke, Amy Seimetz and John Lithgow bring professionalism, and there are moments when the film almost touches that unhealthy feeling that should surround everything. The problem is that it only touches it. In a story like this, the atmosphere should weigh like a stone, the cemetery should feel genuinely disturbing and every decision made by the characters should feel like another step toward something inevitable and horrifying. Here, too often, everything feels more mechanical. The film is watchable, but it rarely truly hits. It has scares, darkness, a few changes from the familiar material and an attempt to update the story so it is not just a repetition. But in trying to work as an efficient modern horror film, it loses part of King’s sadness and fatalism. What in the novel feels almost like a moral infection, a slow descent into the unforgivable, too often becomes here a sequence of genre scenes placed more or less correctly. Another problem is that the source of the horror does not feel as powerful as it should. The idea of the forbidden place, the cursed ground, of what comes back changed, has enormous force. But the film does not always know how to let that idea breathe. It uses music, effects, jumps and visual choices that sometimes replace unease with easier tricks. And that is a shame, because Pet Sematary does not need to shout in order to frighten. It should be enough for it to whisper from the woods. Not everything is lost. There are effective images, an underlying sadness that occasionally appears and some stretches that do understand this story is more about pain than monsters. But the film never reaches the dark greatness of the book. It remains an acceptable adaptation, dignified at times, but too conventional for a story that needed more poison, more despair and more discomfort. For viewers who do not know the novel, it may work as a decent horror film. For those who read the book and felt it as one of Stephen King’s most disturbing works, it falls short. Very short. It does not completely betray the idea, but it does not bring it back with the force it deserved either.

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