Teléfono negro 2 (2025)
Resumen
A sus 17 años, Finney Blake lucha por su vida tras su cautiverio. Sin embargo, su hermana Gwen empieza a recibir llamadas de un teléfono negro en sus sueños y visiones inquietantes qué los conduce a ambos en un campamento de invierno.
Ambientada en 1982, cuatro años después de que Finney Blake lograra matar al secuestrador y asesino en serie conocido como "The Grabber". Finney, ahora marcado por el trauma, junto a su hermana menor Gwen, que tiene habilidades psíquicas, comienzan a tener visiones relacionadas con asesinatos ocurridos en un campamento cristiano en las Montañas Rocosas. Decididos a descubrir la verdad, viajan junto con Ernesto, un amigo, al campamento donde trabajó su madre, que también tenía dones psíquicos y fue víctima del asesino.
Four years after defeating The Grabber, Finney Blake is struggling with life after captivity. When his younger sister Gwen begins receiving calls in her dreams from the Black Phone and seeing disturbing visions of three boys being stalked at a winter camp, the siblings become determined to solve the mystery and confront a killer who has grown more powerful in death and more significant to them than either could imagine.
Actores Principales
Mason Thames
Finney 'Finn' Blake
Madeleine McGraw
Gwen Blake
Ethan Hawke
Albert Shaw / The Grabber
Demián Bichir
Armando
Miguel Mora
Ernesto Arellano
Jeremy Davies
Terrence Blake
Arianna Rivas
Mustang
Maev Beaty
Barbara
Graham Abbey
Kenneth
James Ransone
Max Shaw
Tráiler
Reseñas
Una reseña de Pedro Quintão
Sou grande fã do The Black Phone original, e confesso que estava entusiasmado com esta continuação. O primeiro filme tinha uma identidade muito própria: era tenso, claustrofóbico e tinha aquele equilíbrio perfeito entre os elementos sobrenaturais e psicológicos. Por isso, estava curioso para ver que rumo iriam dar à história e ao vilão, o icónico Grabber. Black Phone 2 passa-se alguns anos após os eventos do primeiro e traz de volta as personagens originais, agora a tentar lidar com as cicatrizes deixadas pelo passado. A grande diferença é que o Grabber regressa, mas desta vez, através dos pesadelos da irmã do protagonista, Gwen, numa ideia claramente inspirada em A Nightmare on Elm Street. Isto é algo que até resulta bem no início, mas rapidamente revela as suas limitações. O conceito dos pesadelos até é interessante, só que o assassino ataca apenas Gwen, a irmã do protagonista, o que reduz muito o impacto geral e a sensação de perigo perante outras personagens. E perto do final, o vilão começa a manifestar-se também no plano físico, quase como se fosse uma entidade invisível e sem grandes explicações sobre como o conseguiu fazer de um momento para o outro. As ideias até são boas, mas a execução deixa um pouco a desejar. A partir do momento em que a história leva os protagonistas até a um acampamento religioso em busca de segredos do passado, o filme começa a “enrolar”. Não chega a ser aborrecido, mas também parece nunca avançar de forma real. Fica preso a repetições e diálogos que pouco acrescentam à tensão ou ao mistério. E por falar em tensão… foi o que mais senti falta. O primeiro filme tinha uma atmosfera sufocante e claustrofóbica, onde temíamos pela vida do jovem Finn. Aqui, há alguns bons momentos de susto, mas nada que se aproxime da intensidade do original. Falta-lhe aquele desconforto que fazia sentirmo-nos dentro do cativeiro do Finn. Ainda assim, há méritos. A Madeleine McGraw brilha novamente, entregando uma performance emocional e absolutamente genuína. E adorei a cinematografia das sequências de pesadelo, que foram filmadas com câmaras analógicas, o que cria uma textura visual diferente do habitual digital, original e até mesmo perturbadora. No fim de contas, Black Phone 2 não é um desastre, mas também não justifica a sua existência. É um filme competente, com bons momentos e visuais interessantes, mas que perde o foco e a alma que tornaram o original especial. Entretém, mas deixa a sensação de que esta chamada nunca devia ter sido atendida.
Una reseña de Marco-Hugo Landeta Vacas
(CASTELLANO) No termino de entender por qué hacía falta una secuela de *Black Phone*. La primera película contaba una historia cerrada, tenía un villano potente, una atmósfera inquietante y un final que dejaba las cosas en su sitio. ¿La razón para continuarla? Seguramente el dinero. El problema es que recuperar a esos personajes obliga a retorcer tanto lo anterior que la nueva película acaba siendo mucho más confusa que aterradora. *Black Phone 2* intenta justificar su existencia ampliando la parte sobrenatural. Lo que antes funcionaba como un elemento misterioso y relativamente contenido se convierte ahora en el centro de la historia. Hay sueños, visiones, recuerdos, conexiones con el pasado y reglas que van apareciendo según las necesita el guion. Cuanto más explica la película, menos sentido parece tener todo. El Secuestrador regresa transformado en una especie de amenaza sobrenatural capaz de atacar desde otro plano. La comparación con Freddy Krueger resulta inevitable, porque buena parte de la película sucede en sueños y pesadillas donde las leyes normales dejan de importar. Pero Ethan Hawke no tiene aquí el mismo impacto que en la primera entrega. Su presencia sigue siendo inquietante y la máscara continúa funcionando, aunque el personaje ha perdido parte de lo que lo hacía especial. Antes daba miedo porque era un hombre real, imprevisible y cruel. Ahora se convierte en una figura casi demoníaca, rodeada de una mitología cada vez más complicada. El intento de hacerlo más grande termina haciéndolo menos perturbador. Cuanto más sabemos sobre él, menos miedo produce. La película también intenta conectar todo con la historia familiar de Finney y Gwen. Aparecen nuevos datos, coincidencias y revelaciones que buscan demostrar que aquello que sucedió en la primera película formaba parte de algo mucho mayor. En lugar de enriquecerla, esas conexiones transmiten la sensación de que están reescribiendo el pasado para justificar una continuación que nunca estuvo prevista. Madeleine McGraw es probablemente lo mejor de la película. Gwen gana protagonismo y sostiene buena parte de las escenas más intensas. La actriz transmite rabia, miedo y determinación, y consigue que algunas secuencias tengan fuerza incluso cuando el guion se vuelve difícil de seguir. Mason Thames también funciona bien como Finney, ahora marcado por todo lo que vivió. La película intenta mostrar que sobrevivir no significa dejar atrás el miedo y que los traumas continúan afectando tanto a quien los sufrió como a su familia. Esa parte emocional tiene interés y es uno de los pocos elementos que justifican volver a estos personajes. Visualmente, hay ideas bastante buenas. Las pesadillas, la nieve, los espacios vacíos y el aspecto casi deteriorado de algunas imágenes crean una atmósfera extraña y desagradable. Scott Derrickson demuestra que sabe construir escenas inquietantes y encuentra algunas formas originales de representar el mundo de los sueños. El problema es que esas imágenes no siempre están al servicio de una historia coherente. La película salta entre la realidad, las visiones y los recuerdos sin establecer unas reglas claras. En algunos momentos parece que cualquier cosa puede suceder porque todo puede justificarse diciendo que forma parte de una pesadilla. También hay una insistencia religiosa que resulta bastante forzada. La fe, el mal y la posibilidad de una protección superior terminan ocupando demasiado espacio en una historia que antes funcionaba mejor desde la ambigüedad. En lugar de aportar profundidad, ese discurso vuelve el conjunto todavía más solemne y artificial. La primera película encontraba el miedo en un sótano, en un teléfono desconectado y en la posibilidad de que un niño tuviera que enfrentarse solo a un adulto monstruoso. Aquí todo es más grande, más oscuro y supuestamente más ambicioso, pero también menos cercano. Se pierde la sencillez que hacía funcionar el original. No se puede decir que sea una secuela perezosa. Intenta hacer algo distinto, cambia de escenario, da más protagonismo a Gwen y busca nuevas formas de terror. Ese esfuerzo se agradece. Pero tener ideas no significa saber unirlas. El resultado es una película visualmente potente por momentos, con buenas interpretaciones y alguna secuencia eficaz, pero construida sobre una continuación innecesaria. Para traer de vuelta al villano y ampliar su mundo, el guion retuerce tanto la historia anterior que termina debilitándola. *Black Phone 2* no solo responde preguntas que nadie había hecho: crea otras nuevas que ni siquiera parece capaz de resolver. Una secuela confusa, forzada y mucho menos inquietante que la original. (ENGLISH) I still do not understand why *Black Phone 2* needed to exist. The first film told a complete story, had a powerful villain, created an unsettling atmosphere and ended exactly where it should. Why continue it? Money, most likely. The problem is that bringing these characters back requires twisting the original story so much that the sequel becomes far more confusing than frightening. *Black Phone 2* tries to justify itself by expanding the supernatural side of the story. What once worked as a mysterious and relatively contained element now becomes the centre of everything. There are dreams, visions, memories, connections to the past and new rules that appear whenever the screenplay needs them. The more the film explains, the less sense it seems to make. The Grabber returns as a supernatural threat capable of attacking from another realm. Comparisons with Freddy Krueger are unavoidable, since much of the film takes place inside dreams and nightmares where normal laws no longer matter. Ethan Hawke remains unsettling and the mask still works, but the character has lost part of what made him special. He was frightening before because he was real, unpredictable and cruel. Now he becomes an almost demonic figure surrounded by increasingly complicated mythology. The attempt to make him bigger only makes him less disturbing. The more we learn about him, the less frightening he becomes. The film also tries to connect everything to Finney and Gwen’s family history. New information, coincidences and revelations are introduced to suggest that the events of the first film were part of something much larger. Instead of enriching the original, these connections feel like the past is being rewritten to justify a sequel that was never needed. Madeleine McGraw is probably the best thing in the film. Gwen receives a much larger role and carries many of the most intense scenes. McGraw conveys anger, fear and determination, and gives several sequences real power even when the screenplay becomes difficult to follow. Mason Thames also works well as Finney, now deeply affected by what happened to him. The film tries to show that surviving does not mean leaving fear behind, and that trauma continues to affect both the victim and the people around them. That emotional aspect is interesting and provides one of the few genuine reasons to return to these characters. Visually, the film contains several strong ideas. The nightmares, snow, empty locations and damaged texture of certain images create a strange and unpleasant atmosphere. Scott Derrickson knows how to build unsettling scenes and finds some original ways to represent the dream world. Unfortunately, those images do not always serve a coherent story. The film moves between reality, visions and memories without establishing clear rules. At times, it feels as though anything can happen because every inconsistency can simply be explained as part of a nightmare. There is also a strong religious element that feels forced. Faith, evil and the possibility of divine protection occupy too much space in a story that worked better when it remained ambiguous. Rather than adding depth, this material makes the film feel even more solemn and artificial. The first film found horror in a basement, a disconnected telephone and the possibility of a child being forced to face a monstrous adult alone. Here, everything is bigger, darker and supposedly more ambitious, but also less immediate. The simplicity that made the original effective has disappeared. This is not a lazy sequel. It attempts something different, changes the setting, gives Gwen more importance and explores new forms of horror. That effort deserves some credit. But having ideas is not the same as knowing how to connect them. The result is occasionally visually powerful, with good performances and a few effective sequences, but it is built upon an unnecessary continuation. To bring the villain back and expand his world, the screenplay twists the previous story until it weakens everything that once worked. *Black Phone 2* does not merely answer questions nobody asked. It creates new ones that it does not appear capable of resolving. A confused, forced and far less frightening sequel.