La cura del bienestar - la cura siniestra (2017)
Resumen
El joven y ambicioso ejecutivo Lockhart es enviado a recuperar al CEO de su empresa de un idílico pero misterioso "centro de bienestar" en un lugar remoto de los Alpes suizos, pero pronto sospecha que los tratamientos milagrosos del spa no son lo que parecen.
A un joven y ambicioso ejecutivo le encargan una misión: traer de vuelta al director de su empresa de un idílico y enigmático centro de “bienestar” situado en un área remota de los Alpes suizos. Pronto sospecha que los milagrosos tratamientos que allí tienen lugar no son lo que parecen. Su cordura se pone a prueba cuando empieza a desvelar los terroríficos secretos que allí se ocultan y es diagnosticado con la misma extraña enfermedad que mantiene a los pacientes a la espera de la cura.
An ambitious young executive is sent to retrieve his company's CEO from an idyllic but mysterious "wellness center" at a remote location in the Swiss Alps but soon suspects that the spa's miraculous treatments are not what they seem.
Actores Principales
Dane DeHaan
Lockhart
Jason Isaacs
Volmer
Mia Goth
Hannah
Harry Groener
Pembroke
Celia Imrie
Victoria Watkins
Adrian Schiller
Deputy Director
Ivo Nandi
Enrico
Tomas Norström
Frank Hill
Lisa Banes
Hollis
Tráiler
Reseñas
Una reseña de Marco-Hugo Landeta Vacas
(CASTELLANO) La cura del bienestar es una película muy curiosa, porque tiene muchas cosas para fascinar y casi las mismas para desesperar. Gore Verbinski construye un mundo visualmente impresionante: un sanatorio perdido en los Alpes suizos, pasillos blancos, agua, cuerpos enfermos, sonrisas raras, tratamientos inquietantes y una atmósfera entre cuento gótico, pesadilla médica y thriller paranoico. En lo visual, desde luego, la película tiene personalidad. El problema es que parece querer ser demasiadas películas a la vez. Hay ecos de terror gótico, de misterio de internado, de ciencia loca, de cuento enfermizo, de paranoia corporativa, de Shutter Island, de relatos sobre sanatorios imposibles y hasta de fantasía oscura europea. Todo eso podría haber formado una mezcla fascinante, pero la película no siempre sabe ordenar sus propias ideas. A ratos hipnotiza; a ratos parece atrapada en su propio exceso. Dane DeHaan funciona bien como protagonista, con esa cara de agotamiento, arrogancia y fragilidad que encaja con un personaje que va perdiendo poco a poco el control. Jason Isaacs también aporta presencia como figura inquietante dentro del centro. Pero, para mí, quien más se queda en la memoria es Mia Goth. Tiene algo especial, como siempre: una mezcla de inocencia, rareza, misterio y amenaza silenciosa. Cada vez que aparece, la película gana algo. Hannah podía haber sido solo otro personaje extraño dentro del decorado, pero Mia Goth la convierte en una presencia magnética. La película acierta mucho en su atmósfera. Hay imágenes potentes, momentos desagradables y una sensación constante de que ese lugar es demasiado limpio para ser sano. Verbinski sabe mirar los espacios, sabe crear incomodidad y sabe convertir el agua, los pasillos y los cuerpos en algo inquietante. Incluso cuando la historia se desordena, visualmente sigue teniendo fuerza. Pero dura demasiado. Muchísimo. Sus casi dos horas y media pesan. Hay una buena película dentro de La cura del bienestar, quizá incluso una película notable, pero está enterrada bajo escenas que se alargan, giros previsibles, explicaciones excesivas y una trama que acaba perdiendo elegancia. Lo que empieza como misterio sofisticado termina acercándose demasiado al disparate. Y no siempre en el buen sentido. También le falta una emoción más clara. La película es hermosa, rara y oscura, pero cuesta conectar de verdad con lo que les ocurre a sus personajes. Hay más fascinación estética que verdadero impacto emocional. Parece más preocupada por componer imágenes perturbadoras que por hacer que su historia duela o asuste de verdad. Y eso, en una película tan larga, acaba notándose. La cura del bienestar no es una mala película. Tiene ambición, imágenes memorables, una atmósfera muy trabajada y una Mia Goth perfecta, como siempre. Pero también es irregular, excesiva y demasiado enamorada de su propio delirio. Mezcla muchas historias, muchos referentes y muchos tonos, y no siempre consigue que todo encaje. Se ve con interés, sí, pero al final queda la sensación de que necesitaba menos duración, más concentración y una cura contra sí misma. (ENGLISH) A Cure for Wellness is a very curious film, because it has many elements that can fascinate you and almost as many that can frustrate you. Gore Verbinski builds a visually impressive world: a sanatorium lost in the Swiss Alps, white corridors, water, sick bodies, strange smiles, unsettling treatments and an atmosphere somewhere between gothic tale, medical nightmare and paranoid thriller. Visually, the film certainly has personality. The problem is that it seems to want to be too many films at once. There are echoes of gothic horror, boarding-school mystery, mad science, sick fairy tale, corporate paranoia, Shutter Island, stories about impossible sanatoriums and even dark European fantasy. All of that could have formed a fascinating mixture, but the film does not always know how to organize its own ideas. At times, it is hypnotic; at others, it feels trapped inside its own excess. Dane DeHaan works well as the protagonist, with that face of exhaustion, arrogance and fragility that fits a character slowly losing control. Jason Isaacs also brings presence as the unsettling figure inside the center. But, for me, the person who stays in the memory is Mia Goth. She has something special, as always: a mixture of innocence, strangeness, mystery and quiet threat. Every time she appears, the film gains something. Hannah could have been just another odd character inside the setting, but Mia Goth turns her into a magnetic presence. The film succeeds strongly in atmosphere. There are powerful images, uncomfortable moments and a constant sense that this place is far too clean to be healthy. Verbinski knows how to look at spaces, how to create discomfort and how to turn water, corridors and bodies into something unsettling. Even when the story becomes untidy, the film remains visually strong. But it is too long. Very long. Its almost two and a half hours weigh heavily. There is a good film inside A Cure for Wellness, perhaps even a very good one, but it is buried under scenes that stretch on, predictable turns, too many explanations and a plot that gradually loses elegance. What begins as sophisticated mystery ends up moving too close to excess. And not always in a good way. It also lacks a clearer emotional force. The film is beautiful, strange and dark, but it is hard to truly connect with what happens to its characters. There is more visual fascination than real emotional impact. It seems more concerned with creating disturbing images than with making its story truly hurt or frighten. And in a film this long, that becomes noticeable. A Cure for Wellness is not a bad film. It has ambition, memorable images, a carefully built atmosphere and a perfect Mia Goth, as always. But it is also uneven, excessive and too in love with its own delirium. It mixes many stories, references and tones, and it does not always make them fit. It is interesting to watch, yes, but in the end it leaves the feeling that it needed less running time, more focus and a cure for itself.